El telpochcalli
En la sociedad mexica existían dos clases de escuelas. La primera era el
telpochcalli (casa de los mancebos o de los jóvenes). Se trataba de centros de
enseñanza para los muchachos del pueblo en general. Los hijos de los nobles,
de los sacerdotes, de los grandes guerreros, acudían, por su parte, al
calmécac.
Al telpochcalli asistían los jóvenes varones a partir de los 15 años de
edad. La finalidad de la enseñanza era que aprendieran a servir a su comunidad
mediante un oficio y que dominaran el arte de la guerra. Estaban tan seguros de
la calidad de la educación que consideraban que un joven, al egresar de esta
escuela, estaba listo para el matrimonio y para encabezar una familia.
En el telpochcalli la vida no era sencilla. Se desconoce la hora exacta en
la que comenzaban sus actividades, no obstante, los cronistas aseguran que
iniciaban “de madrugada” y con un baño de agua helada. Después venía un
desayuno muy ligero. Durante el día recibían clases específicas,
memorizaban, por ejemplo, cantares en los que se recordaban las glorias de sus
antepasados y la manera en la que los dioses habían creado el mundo y a ellos
mismos. Educar a los niños y a los jóvenes era sumamente importante.
Por medio de la educación podían preservar sus raíces, su arraigo, su
pertenencia.
En el terreno práctico, aprendían y se especializaban en el uso de las
armas.
El calmécac
Los
castigos eras parte de la educación mexica. Los regaños, llenos de palabras
implacables, eran la reprimenda más ligera. Los jóvenes rebeldes que no
mostraban mejoría eran azotados. Si insistían en su comportamiento, el
castigo se intensificaba: les pinchaban la piel con espinas de maguey y, en
casos extremos, los semiasfixiaban con el humo de chiles quemados.
Las niñas no se salvaban de los castigos físicos. Aunque eran educadas en casa, una jovencita desobediente, chismosa, floja o coqueta era acreedora a los mismos castigos que recibía un hombre, pero además se le obligaba a barrer la calle de noche, lo cabello, lo que la ponía en evidencia durante meses. cual representaba una vergüenza pública. En casos extremos, se le cortaba el
Estos castigos eran válidos tanto para los jóvenes del pueblo como para los hijos de los nobles. El calmécac estaba muy lejos de ser un lugar de descanso. Aquí se educaba y gobernantes. Recibían lecciones de historia, astronomía, medicina, música, entrenaba a los futuros sacerdotes, maestros, jueces, guerreros de élite y otros. El día comenzaba también de madrugada y también con un baño de agua religión, filosofía, economía, lecciones de higiene y valores morales, entre helada.
Teniendo en cuenta que a este internado acudían los jóvenes que tendrían el destino de la nación mexica en sus manos, la educación era doblemente rigurosa. Ingresaban entre los siete y los quince años de edad. Solían ayunar, hacer penitencia y ligeras, para que aprendieran a soportar el frío, pues dominar el dolor era autosacrificio con puntas de maguey, además de que sus ropas eran siempre una manera de forjar el carácter.
Durante el día se dedicaban al trabajo duro y durante las noches realizaban rituales de purificación. Conforme avanzaba su entrenamiento, las enseñanzas que recibían se volvían más específicas de acuerdo con la labor que desempeñarían: gobernante, sacerdote o guerrero. Lo más importante era forjar hombres de bien, nobles de corazón y justos de espíritu.
(diaz, 2018)
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